Y un día, los pilotos de la F1 hicieron huelga

Y un día, los pilotos de la F1 hicieron huelga

Los pilotos de F1 se declararon en huelga una sola vez en la historia. Un 23 de enero, en el GP de Sudáfrica de 1982, se enfrentaron a los altos cargos a pesar de serias amenazas.

Fueron horas de tensión en la máxima, con amenazas de sanciones de por vida y de embargos de los autos por parte de los organizadores de la carrera.

Los pilotos de Fórmula 1 suelen ser celebrities. Desde hace décadas muchos de ellos residen en el glamour de Mónaco. Estar en contra del sistema no parece conformar su ADN. Pero hubo un día que sí patearon el tablero. Fue porque se metieron con su bolsillo ante las trabas de poder negociar de forma libre sus contratos y porque otros derechos se vieron vulnerados.

La temporada 1982 de Fórmula 1 debía empezar en Sudáfrica a finales de enero, en el circuito de Kyalami. Los coches con motores turbo potentes, cada vez más fiables, parecían tener una ventaja. En el «clan» turbo se encontraban el Brabham BT50 BMW de Nelson Piquet y Riccardo Patrese, el Renault RE30B de Alain Prost y Rene Arnoux y el Ferrari 126C2 de Gilles Villeneuve y Didier Pironi.

En el otro «bando», el de los motores atmosféricos, se encontraban el Williams FW07C de Keke Rosberg y Carlos Reutemann, el McLaren MP4/1 de John Watson y Niki Lauda (que volvía a la F1 tras su retiro de dos años), y el Lotus 87B de Elio de Angelis y Nigel Mansell. Y aunque los test de invierno transcurrieron sin problemas, un movimiento de protesta empezó a sacudir al mundo de la F1.

Era violento el clima institucional de la Máxima hacia principios de los años ochenta. Mucho lío por el reparto de ganancias por televisaciones y otros ingresos. Por un lado, la Federación Internacional Deportiva del Automovilismo (FISA por su sigla en inglés), cuyo presidente era Jean-Marie Balestre. La entidad dependía de la Federación Internacional del Automóvil (FIA). En la vereda de enfrente estaba la Asociación de Constructores de Fórmula 1 (FOCA), que lideraba Bernie Ecclestone. Sin embargo aquellos dirigentes con posiciones contrapuestas por los intereses económicos, se pusieron de acuerdo para perjudicar a los pilotos. En ese marco de crisis para el arranque de la temporada ’82 la bomba estaba por estallar…

La FIA envió a cada piloto el formulario de solicitud de la Superlicencia, un documento obligatorio para competir en la F1.

A Niki Lauda, al ver el contrato de la Superlicencia, que había perdido al retirarse y debía renovar, algo le llamó la atención. No contaron con la astucia de alguien que era tan rápido abajo como arriba del auto y que había vuelto a correr luego de dos años: Niki Lauda. El austríaco venía de una familia de negocios y él había dejado de competir a fines de 1979 para dedicarse de lleno a su empresa de aviación. Por estos motivos era muy hábil para los contratos.

Varios lo firmaron y enviaron sin ni siquiera leerlo, excepto Pironi, Lauda, Villeneuve, Arnoux, Jacques Laffite, Andrea Cesaris y Bruno Giacomelli. Lo que les molestaba era que el Artículo 1 establecía que la licencia se le concedía al equipo, no a los pilotos, lo que les prohibía negociar con otra escudería y les obligaba a seguir en su equipo durante un tiempo determinado.

Así, los equipos de F1 podrían realizar ventas e intercambios de pilotos, como en el fútbol. Los pilotos ya no serían dueños de sus carreras. Los equipos se dieron cuenta de la fragilidad de sus contratos cuando Alain Prost logró dejar McLaren para irse a Renault a finales de 1980 pese a estar vinculado al equipo británico. Los jefes de los equipos pidieron a la FIA que tomara cartas en el asunto.

Otra cosa que había alarmado a Lauda y sus compañeros fue una cláusula en la que se prohibía expresamente realizar declaraciones en los medios contra la FISA, para no dañar a la categoría.

A finales de enero, la F1 viajó al circuito de Kyalami. Lauda discutió el caso con Pironi, entonces presidente de la PRDA (la asociación de pilotos). Descubrieron que Jean-Marie Balestre, el presidente de FISA (la rama deportiva de la FIA) y Bernie Ecclestone, jefe de la FOCA (la asociación de constructores de la F1), generalmente rivales, esta vez estaban unidos en esta lucha contra los pilotos. Balestre y Ecclestone estaban decididos a todo. Sin firma, no había coche de F1.

Se llegó a esta instancia porque los equipos se dieron cuenta de lo débiles que eran sus contratos, tomando como antecedentes el de Carlos Alberto Reutemann, que estuvo solo un año en Lotus en 1979 y se fue a Williams para 1980. Otro caso de referencia era el del francés Alain Prost que a fines de 1980 se alejó de McLaren y llegó a Renault en 1981, más allá de tener contrato con la escuadra británica. Cabe recordar que en ambos casos, más allá de un tema económico, los corredores cambiaron por autos más competitivos. Otro tema que querían evitar los equipos eran los altos contratos que tenían algunos competidores como el propio Lole con Williams y el retornado Lauda, con McLaren. Por eso los propietarios de los teams le reclamaron un cambio a la FIA. Con los nuevos requisitos para la Superlicencia los equipos podrían tener más control sobre los pilotos

La mayoría de los pilotos firmó aquella solicitud de la FIA y la mandaron sin leerla, menos Reutemann, los franceses Didier Pironi, René Arnoux y Jacques Laffite, el canadiense Gilles Villeneuve, los italianos Andrea de Cesaris, Bruno Giacomelli y Lauda que fue uno de los cabecillas de la medida de fuerza que se venía y se encargó de informarle al resto de sus colegas lo que estaba pasando. El otro líder de la rebelión era Pironi, por entonces a cargo de la Asociación de Pilotos de Gran Premio (GPDA).

Tras los últimos ensayos de pretemporada del lunes 18 y 19 de enero de 1982 en Kyalami, sede del Gran Premio de Sudáfrica, primera fecha de aquella temporada, el miércoles 20 de enero los motores se apagaron. Hubo una reunión de pilotos en los boxes y entendieron que sus derechos se veían afectados. Entonces acordaron un plan de lucha y se interrumpió la actividad en el autódromo. Alquilaron un ómnibus y dejaron el hotel donde estaban hospedados y que estaba al lado del circuito, el Bungalow Kyalami Ranch y se fueron al Sunnyside Park Hotel. Allí se ubicaron en su salón de eventos.

Como Lauda y Pironi dudaban de la lealtad de algunos colegas, decidieron que los pilotos debían permanecer  encerrados en una sala en vez de subir a las habitaciones individuales. Para dormir se trajeron colchones, pero todos de matrimonio. Y así, en parejas, se acostaron los mejores pilotos del mundo. 

Las deliberaciones siguieron y todo el que saliera del lugar para ir al baño debía llevarse la llave y cuando volviera ponerla otra vez en una pequeña mesa. Sólo ellos podían entrar y salir del lugar. A todo esto sus novias y mujeres se quedaron en el otro hotel y fueron a increpar a Ecclestone y Balestre. Ya ésto tomaba tienes de sainete.

Sin embargo ese motín de pilotos fortaleció el vínculo entre los 31 que siguieron con la huelga, bah, 29, porque los traidores de aquella medida de fuerza fueron el italiano Teo Fabi y el alemán Jochen Mass, quien se escapó por una ventana del baño… Fabi se cavó la fosa en el ambiente con su falta de códigos ya que abandonó a sus colegas y fue derechito a ver a Balestre y Ecclestone para contarles todo.. Mientras tanto, la vigilia estuvo a cargo de Villeneuve, tocando jazz, y los italianos Elio de Angelis, a cargo del piano, y Giacomelli, como imitador, amenizaron esas horas interminables. Giacomelli, que también fue el único piloto comunista confeso en la historia de la F1, les habría leído a sus colegas algunos textos sobre el terrorismo en Italia.

En tanto que el piano no sirvió solo como entretenimiento musical ya que lo pusieron contra la puerta cuando Jackie Oliver, el team-manager de Arrows, intentó entrar a la fuerza en el salón.

Y llegó el viernes nomás. La jornada en la que se debería clasificar. Por la mañana Balestre y Ecclestone tuvieron que empezar a bajar cambios y convocaron a Pironi para una reunión.

«No hemos cometido nada incorrecto al plantear nuestra disconformidad con la Superlicencia. Nos mandaron la solicitud en la víspera de la Navidad cuando todos los pilotos estamos alejados porque estamos en casa y con nuestras familias», dijo el francés que tenía buena lengua y facilidad para el chamuyo (expresión lunfarda que significa hablar en forma sugestiva para seducir a la otra parte.).
Conocía como pocos las normas de la FIA y por algo era el presidente de la GPDA. Sabía que estaba haciendo malabares con motosierras encendidas, aunque mantuvo la calma en todo momento. Se logró un acuerdo parcial de levantar la suspensión a los pilotos, realizar la carrera, pero los dirigentes asumieron el compromiso para seguir las conversaciones por los puntos de conflicto de la Superlicencia.

La carrera se disputo. Sin embargo los dueños de equipos, recalientes con los pilotos medio que los maltrataron. Cómo anécdota, la novia de Piquet fue echada del box de Brabham por Ecclestone. El sábado 23 de enero la competencia la ganó Prost con su Renault. 
Durante la carrera, la FISA, informó que bajada la bandera de cuadros se les iba a aplicar una multa de 10.000 dólares a Pironi, Villeneuve, Patrese, Prost, Lauda, Laffite y Giacomelli  y les retiró por cinco carreras su Superlicencia. Los restantes (menos Fabi y Mass) fueron condenados a pagar 3.000 dólares y les sacaron la Superlicencia por dos competencias. Obvio que todo quedó en la nada…

Enzo Ferrari, desde Maranello, se alejó de la posición de sus pares y se puso del lado de los pilotos. «Fueron ilegalmente suspendidos. Son sanciones contrarias al derecho, al deporte y al verdadero interés de la F-1. Desde hace mucho he denunciado, he dicho, escrito y repetido: la F-1, saturada de millones, está a punto de ahogarse en un estanque polucionado por ambiciones desmesuradas, por apetencias ilimitadas», dijo el Commendatore en una carta pública sobre el conflicto.

Otro que habló fue Reutemann. «No voy a pagar ninguna multa aunque tenga que dejar de correr. Yo ya estoy cansado de todo eso. La rechazo de plano. Ya estoy demasiado cansado de recibir multas sin poder decir una sola palabra. Balestre me aplicó una de 10.000 dólares por no estar en la entrega de premios de la FISA en París como si fuera tan fácil y tan barato viajar de Santa Fe a París simplemente para recibir la medalla del segundo puesto del campeonato de 1981», dijo el Lole. Y agregó que «los pilotos tomamos una decisión correcta. No quedaba otra cosa por hacer y no podemos estar más en ‘la lona’ de lo que estamos. No es fácil que todos nos pongamos de acuerdo, y sin embargo ahora se logró porque no era cuestión de seguir aceptando que nos quisieran enterrar aún más». 

Reutemann fue segundo en la carrera de Sudáfrica lo que constituyó su último podio en F-1 y el hecho histórico de que nunca más un argentino sumó puntos en la Máxima.

Las reuniones siguieron en la sede de la FIA en París y las sanciones fueron levantadas. Tras la cancelación de la fecha en la Argentina (pautada para el 7 de marzo) por falta de presupuesto para pagar el evento, se llegó a la mencionada carrera en brasileña, el 21 de marzo, como si nada hubiera pasado. Respecto de los contratos se ajustaron las cláusulas para su rescisión, aunque se permitieron los vínculos superiores a una temporada. Luego hubo excepciones, claro, pero dependiendo de la categoría del piloto como cuando Prost exigió en Williams que no quería compartir equipo con Ayrton Senna en 1993. O lo ocurrido con el propio brasileño ese año ante su especulación de pasar a Williams en 1994 y por su disconformidad con el auto que le brindaba a esa altura McLaren, hizo contratos especiales en cada carrera de esa temporada con el equipo de Woking.

Esos agitados momentos a fines de enero de 1982 quedaron en la historia por el día en que los pilotos dijeron basta. Fue la única huelga que nucleó a todos los corredores de la Máxima. Para unir fuerzas en su contra se dio el efímero matrimonio FISA-FOCA, que cinco minutos antes estaban en conflicto. Pero la ruptura no tardó en llegar, tres meses más tarde, en el Gran Premio de San Marino disputado en Imola el 25 de abril; Brabham, el equipo de Ecclestone, encabezó una huelga de equipos a la que se sumaron Williams, McLaren, Lotus y Ligier, en contra de Balestre y compañía reactivando así el reclamo por el reparto de ganancias…. Pero eso, es otra historia.

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